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Por Mario Ardón Mejía

Por Mario Ardón Mejía

Sin lugar a dudas Don Elías fue y sigue siendo un hombre envidiable. Para fortuna nuestra es de esas personas que aunque se han muerto físicamente, pareciese que siempre estuvieran vivos y esa creo que es la mejor forma de recordarlo, sintiéndolo más vivo incluso que antes.

Con don Elías vale la pena decir: que el nacer y morir son sencillamente dos hechos biológicos y que lo importante es lo que se ha hecho entre estas dos fechas claves de las biografías personales. Creo que este es el momento para decir que Don Elías, deja un bien nutrido espacio para ser recordado y retomado dentro de futuras estrategias, para rescatar a este país de la acelerada entrega a los intereses internacionales, descuidando lo más propio de nuestros valores y de nuestros recursos naturales y humanos.

Si por algo hay que recordar a Don Elías, es por haber logrado sin muchos rodeos y por una serie precisa de diálogos inicialmente cuestionadores, pero que si el interlocutor técnico o campesino, lograba superar en la interacción inicial, luego, luego se iba pasando a una relación más fraterna en la que ambos salían ganando y enriqueciéndose en visiones y contenidos.

Me gustaba mucho observarlo como progresivamente le iba prendiendo la mecha a sus interlocutores, primero a partir de su concepto de la finca humana (la mental y la finca física), luego iba pasando a las condiciones de un hombre completo, utilizando un triángulo y lo mejor es cuando esto lo hacía en el campo, valiéndose del aparato "A", iba desarrollando progresivamente su platica, teniendo en cuenta de que:

Este es el punto en donde él aprovechaba para recalcar que del análisis de esos sentimientos, dependía la calidad o cualidades de buena o mala una persona. Para muchos estos razonamientos parecerán ser sencillos y elementales, pero no así cuando uno observa un proceso progresivo de diálogo en el que, los oyentes y el orador se van compenetrando para ir más hondo, hacia donde Don Elías siempre sentía la seguridad de llegar y siempre llegaba.

Cuando tenía preparada a la audiencia, se iniciaba el momento culminante de pasar a tratar su concepto de suelo vivo. Tan vivo que además de atribuirles e identificar junto a los participantes los diferentes mecanismos y sistemas de funcionamiento de un organismo vivo. Para evaluar el concepto de suelo de sus interlocutores, generalmente hacía un interesante muestreo al azar, para que algunos de sus interlocutores le alcanzaran un poco de suelo, dependiendo del lugar y la calidad del suelo que le alcanzaran, de allí retomaba los elementos necesarios para continuar con sus intervenciones.

Hacía ejercicios como pedir a uno de los participantes que se parara exactamente donde él estaba parado y al intentar hacerlo le decía:

- No miras que para pararte exactamente donde yo estoy, tienes que quitarme del lugar. Eso es lo que hace el agua con
el aire en el suelo.

Luego continuaba manifestando y enunciando que:

De aquí parten nuestros principales cuestionamientos a la agricultura moderna y reduccionista, que ha llegado a visualizar al suelo como una cacerola, en donde se le pone la comida a la planta en términos más técnicos como un soporte y no como un sistema vivo.

Luego la platica se orientaba a los elementos: biofísicos y culturales que contribuían a la conformación de suelos saludables.

Y así podíamos ser testigos, cada vez de cómo iba subiendo la intensidad y los contenidos de las charlas de campo
de Don Elías.

Uno de los mayores aportes a la memoria de Don Elías Sánchez, puede ser el buscar lograr una interiorización general sobre el concepto de suelo vivo en el ámbito formal y no formal, aprovechando las numerosas posibilidades que deben abrirse a nivel de las instituciones publicas y privadas encargadas de la educación y comunicación en nuestro país.Para esto se deben crear los materiales, mensajes y espacios de circulación adecuados, para que pueda realizarse una difusión sistemática de sus contenidos en las diferentes instancias y medios.

Y por último solamente quiero expresar como una de mis mayores satisfacciones al compartir amistad con Don Elías y Doña Cándida, es la de que cada cierto tiempo, ponía a mis dos hijos Diego y Rodrigo a elegir entre diferentes sitios para salir a pasear los domingos e invariablemente, cuando la finca de Don Elías estaba entre las opciones, siempre la eligieron como su espacio predilecto.